Dos estudiantes cuentan su experiencia tras dejar el grado. Ahora, una es enfermera y la otra abogada
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Pocos renuncian a su plaza en el grado en
Medicina. No es de extrañar, después de lo que cuesta hacerse con una. Con una
nota de corte que no ha bajado de los 12 puntos en los últimos diez años, la carrera es una de las más cotizadas y algunos incluso hacen verdaderos malabares y no escatiman en intentos para conseguir entrar.
Los que toman la decisión de dejarlo no llegan ni al 10 % de los matriculados. En concreto, supusieron el 9,79 % en el pasado curso 2023/2024, según los últimos datos publicados por la Universidade de Santiago (USC). Pero ese discreto porcentaje esconde historias de todo tipo.
Alicia García y
Andrea González-Novo son dos ejemplos de esas excepciones que abandonan el camino hacia la bata blanca. Ambas dejaron la carrera de Medicina, pero sus historias son radicalmente distintas. A Alicia, coruñesa de 24 años, la
presión del grado, sumada a su
autoexigencia, llevaron al límite su
salud mental. En el caso de Andrea, sevillana de 28 años que creció en el concello coruñés de Sada desde los dos meses, pronto se dio cuenta de que
su vocación no estaba en esas aulas. Las dos dieron un giro a su vida pero, no en ambos casos fue igual de brusco:
Alicia terminó estudiando Enfermería; Andrea, se cambió a Derecho.
Ambas cuentan que se interesaron por la medicina desde bien pequeñas, aunque por razones distintas. En el caso de Andrea, el entorno en el que creció avivó esta curiosidad, ya que la mayoría de las mujeres de su familia materna son personal sanitario: «Mi madre y todas mis tías son médicas y enfermeras, así que siempre me llamó la atención y tuve inclinación por este mundo», explica. Una situación totalmente distinta a la de Alicia: «Ni mis padres ni mis abuelos son médicos, pero desde pequeña me gustaban las ciencias de la salud. Siempre que alguien se hacía daño en mi casa, iba de primera a hacer las curas», recuerda. Ambas entraron en el grado en Medicina a la primera. Alicia se matriculó en la USC, mientras que Andrea tuvo que hacer una de esas maniobras para entrar: empezó en una universidad privada después de quedarse a una décima de entrar en la pública.
En el primer año, Andrea González-Novo ya vio que Medicina no era lo suyo: «Me di cuenta que no quería seguir con el grado y que necesitaba un cambio. Supe que mi carrera profesional no estaban enfocada a trabajar en un hospital», sentencia. «A mis amigas les encantaba la asignatura de anatomía por ejemplo, y a mí no me interesaba tanto.
Vi que realmente no tenía vocación», reflexiona. A pesar de tenerlo tan claro no esconde las sombras del proceso: «Fue difícil dar el paso, sobre todo siendo tu madre médica y habiéndote esforzado tanto para llegar a la nota y poder entrar.
Es difícil renunciar a algo en lo que has invertido tanto esfuerzo y tiempo», explica.
Andrea González-Novo, abogada de 28 años: «Vi que no tenía vocación y que mi carrera no estaban enfocada a trabajar en un hospital, pero es difícil renunciar a algo en lo que has invertido tanto esfuerzo»
Alicia García lo dejó a mediados del segundo curso después de una intensa lucha interna. Terminó primero con todas las asignaturas aprobadas y recuerda que en aquel momento estaba «contenta». Todo se torció al año siguiente: «Seguía sacando buenas notas, pero a nivel mental era muy duro.
Entre la carrera y mi autoexigencia, mi salud mental se estaba destrozando», lamenta. Su rutina de aquella época dejaba poco espacio para el ocio: «Me machacaba mucho a mí misma, me obligaba a estudiar entre ocho y doce horas al día desde la segunda semana de curso. Entre semana apenas salía», relata. Recuerda esos meses como
su «peor época». «Llegó un punto en el que ya no podía más. Suspendía los exámenes porque ya no era capaz ni de estudiar. No podía seguir así y decidí parar», explica.
Con la decisión tomada, tocó pasar el trago de
contárselo a las familias. Para Andrea, fue el momento más difícil de todo el proceso: «Al principio, mis padres se quedaron sorprendidos y me aconsejaron que lo pensase dos veces antes de dejarlo», recuerda. «Pero cuando vieron que lo tenía claro —continúa—, me apoyaron al máximo a la hora de dar el paso y cambiar mi rumbo». Un apoyo que también sintió Alicia: «Les dije que tenía que parar, que no estaba nada bien a nivel mental, cosa que ellos ya sospechaban», confiesa. «Tuve mucha suerte porque lo entendieron perfectamente y me dieron total libertad para elegir lo que yo quisiese», añade.
La vida después de Medicina
Tras bajarse del barco de Medicina, tocó
reconducir el rumbo. Lo que inicialmente iba a ser una pausa, se convirtió en un adiós para Alicia: «Al principio mi idea no era dejar la carrera definitivamente, sino hacer un parón para recuperarme mentalmente. Pero en uno o dos meses ya decidí que no quería volver». Sin embargo, se resistía a abandonar definitivamente el mundo de la sanidad, así que después de un año en el que se centró en su «recuperación», se matriculó en
Enfermaría en la Universidade de A Coruña (UDC). El año pasado se graduó y ahora trabaja de ello. Andrea, por su parte, dio un giro de timón y saltó al mundo jurídico estudiando
Dereito, también en la UDC: «Desde pequeña me veía a mí misma en una sala de reuniones rodeada de gente de diferentes culturas negociando una transacción», reflexiona ahora.
Ninguna de las dos se arrepiente ni de haber apostado por empezar Medicina en su día: «Creo que hice bien en entrar porque siempre me había gustado y me alegro de haberlo probado», dice Alicia García. Se suma Andrea González-Novo: «Me llevo la experiencia y grandes amistades que sigo manteniendo a día de hoy. Creo que si no hubiese pasado por ahí no sería la persona que soy ahora mismo», argumenta.
Eso sí, tampoco se arrepienten de haber sabido dejarlo y lanzan un mensaje unánime: hay vida más allá de Medicina. «Lo necesitaba y
creo que fue una de las mejores decisiones de mi vida», sentencia Alicia. De hecho, recomponerse fue, para ella, lo más complicado: «
Lo más duro fue recuperarme a nivel mental, porque estaba acostumbrada a un nivel de exigencia por mi parte que no era viable. Eso me costó mucho cambiarlo y a día de hoy aún me quedan secuelas», reconoce.
Alicia García, enfermera de 24 años: «Dejar Medicina fue una de las mejores decisiones de mi vida»
Andrea no tiene duda de que seguir en el grado no habría sido lo acertado y cree que
terminaría «dejando la carrera o la profesión tarde o temprano». «Sería una mala decisión, porque hubiese estado frustrada ejerciendo de algo que realmente no quería», reflexiona. Defiende que «dedicarse a algo que no llena es muy difícil de llevar» y por eso cree que reconducir su rumbo fue la mejor elección: «Actualmente
trabajo como abogada en despacho de Madrid y soy feliz, porque adoro lo que hago», deja claro.
Desde luego, algo en lo que ambas están de acuerdo es en que esta experiencia les aportó
un aprendizaje que va más allá de lo académico: «Me ayudó a crecer, a aprender a decidir y a ver que las cosas no siempre salen como quieres. A veces vale la pena parar, tomar perspectiva y replantearte lo que es mejor para ti», concluye.